El 27 de octubre se anunciará la actualización del marco de trabajo COBIT para el Gobierno de Tecnología. No es un aniversario cualquiera: COBIT cumple 30 años, y si llevas tiempo en esta profesión, probablemente este framework te ha ayudado a implementar controles para gobernar la tecnología.
¿Por qué es importante?
Con la oferta de herramientas con IA y la actualización constante de los modelos LLM existentes en el mercado, cada vez es más complicado para las empresas saber cuál de todas estas inversiones realmente impacta al negocio.
Áreas del negocio haciendo ShadowIA, un ejecutivo comprando acceso a una herramienta con su tarjeta de crédito corporativa, colaboradores usando sus propios modelos LLM personales para ser más eficientes en su trabajo — con este panorama, mantener el ritmo para controlar la nueva tecnología que ingresa a la empresa se vuelve una tarea imposible.
Por eso vale la pena detenerse y repensar: gobierno y gestión no son lo mismo. Uno marca el rumbo y el otro ejecuta. Confundir ambos es la razón por la que terminamos con consejos directivos aprobando backlogs de sprint, y con CIOs definiendo el apetito de riesgo que le corresponde al consejo.
Otra lección que cambia por completo cómo vemos el gobierno: la tecnología en sí misma no entrega valor. Son las decisiones sobre esa tecnología las que lo entregan.
Las empresas no se transforman; son las personas quienes las transforman.
COBIT también nos enseñó que ningún framework sirve tal cual sale de la caja; siempre requiere un paso de adaptación: personalizarlo al contexto específico de cada empresa —a la cultura, la política, las restricciones, la ambición—. Y que si no puedes medir algo, tampoco puedes gobernarlo — y si tus métricas solo miden actividad en lugar de outcomes de negocio, estás gobernando lo que no importa.
Hay una idea que resuena especialmente en el momento actual de adopción acelerada de la Inteligencia Artificial: la IA no inventó nuevos problemas de gobierno, simplemente hizo imposible seguir ignorando los que ya existían — alinear las decisiones de inversión en tecnología, rendición de cuentas, transparencia, supervisión, entrega de resultados (benefit realization). Estos temas llevaban años en la agenda del CIO o CTO; la diferencia es que hoy ya no se pueden posponer, la demanda y los ciclos tan cortos de innovación hacen que sea humanamente imposible mantener el ritmo.
Otra lección que todo líder debería tener presente: no puedes delegar la rendición de cuentas. Puedes delegar la ejecución, puedes delegar la operación — pero las consecuencias de una mala decisión en el uso de la tecnología nunca se delegan.
Cuando alguien dice “probamos COBIT y no funcionó”, casi siempre lo que ocurrió fue que copiaron una plantilla y se saltaron el ejercicio de alineación con el top management.
COBIT nunca te va a decir exactamente qué hacer; te va a decir en qué deberías trabajar, medir y gobernar. Y esa diferencia —entre un mapa y el territorio mismo— es probablemente la razón por la que el framework sigue vigente treinta años después.
A final de mes vamos a descubrir hacia dónde evoluciona la forma de gobernar la tecnología, la rendición de cuentas, la medición y mejora continua.
El mejor gobierno es el que nadie nota cuando funciona, y el que todos notan cuando algo se rompe, o no genera los resultados o beneficios esperados.



